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Día Internacional de la Mujer. Mitos y realidades 

doodle-dia-mujerpor María Cristina Parra de Rojas/ Cristina.parra@rojasparra.com

Han pasado ya 38 años desde que la ONU proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer. Son casi cuatro décadas en las que la comunidad internacional ha proclamado a los cuatro vientos la igualdad absoluta en cuanto al trato legal, laboral, político y social que hombres y mujeres merecen. Sin embargo, ¿hasta qué punto esta igualdad se ha convertido en hechos? Vale la pena que tratemos de hacer algún tipo de recuento de los logros y los fracasos de un esfuerzo común, que dista mucho de haber terminado.

Imagen: El Día Internacional de la Mujer Google lo celebró con este Doodle que reúne rostros femeninos de diferentes culturaas

Participación política. A partir de 1978 al menos 16 países más han equiparado el derecho a elegir y ser electo y sólo dos o tres estados conservan algún tipo de diferencia. Incluso  Arabia Saudita, en el que la situación de la mujer está en clara desventaja, ha anunciado que a partir de este año las mujeres tendrán igual derecho activo y pasivo al sufragio que los hombres (por cierto, las elecciones se limitan a un porcentaje de los consejos municipales, con muy poco poder efectivo).

Pero la igualdad no se limita al derecho a escoger, sino también al de ser electo. En este sentido, sólo un 22,2% de los parlamentarios en el mundo son mujeres, y apenas en dos países igualan o superan el 50%. A su vez, de 193 países, sólo en 19 sus jefes de estado o de gobierno son mujeres.

Mercado laboral. Aún cuando el porcentaje de mujeres de la población mundial económicamente activa es casi idéntica que el de los hombres (49,1% frente a 50,1%), las diferencias son más que relevantes: sólo un 48% de las mujeres tienen un empleo, frente al 73% de los hombres. Lo paradójico es que en los países más desarrollados, donde la fuerza laboral es paritaria y se supone que se ha alcanzado el mayor grado de igualdad, las mujeres tienen poco acceso a los cargos directivos: únicamente ostentan el 4,2% de los puestos de dirección general en las 500 empresas más importantes incluidas en la lista 2013 de la revista Fortune, por ejemplo. Ni que decir de los salarios; en Alemania, por citar otro ejemplo, las mujeres ganan en promedio un 23% menos que los hombres (porcentajes que suben escandalosamente en algunos de los países menos desarrollados).

Situación legal. Pese a que ha habido un esfuerzo global para equiparar civilmente los géneros,  casi  30  países (en  su  mayoría  del  cercano  oriente y  de  África)  mantienen diferencias importantes, especialmente en lo que se refiere al poder del marido para limitar los actos de su esposa. Incluso dos estados han eliminado la prohibición constitucional de discriminar por razones de género.

Relaciones sociales. Pero es en la vida diaria donde la igualdad debería ser más evidente. En los hogares con los dos progenitores trabajando, hombres y mujeres deberían estar compartiendo por igual las labores en la crianza de los niños y en el mantenimiento del hogar. Por el contrario, la realidad es que todavía la mujer que trabaja fuera de casa debe a su vez asumir la mayoría de las labores domésticas y encargarse del cuidado de los hijos y otros familiares. Sin dejar de mencionar los hogares monoparentales (un porcentaje importante de las familias a nivel mundial) constituidos en su gran mayoría sólo por la madre y los hijos. En este caso, la mujer debe asumir, además del de madre y proveedora, el rol del padre.

Muchas veces las mujeres incentivamos inconscientemente estas desigualdades, diferenciando el trato que brindamos a nuestros hijos e hijas y asignándoles a cada género labores, responsabilidades y derechos distintos, que nada tienen que ver con las capacidades físicas o mentales sino que obedecen a una concepción anacrónica de los “roles” femenino y masculino, que no se compadece con las realidades modernas.

Un camino por recorrer. Como vemos, pese a que los avances durante las últimas décadas han sido importantes, todavía está lejana la meta de alcanzar una verdadera igualdad de trato y oportunidades para el hombre y la mujer. En este sentido, por una parte es necesario el cumplimiento de las leyes vigentes, en Venezuela es común que se promulguen leyes que en la práctica no se aplican como la del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, cuyo incumplimiento reiterado ha venido siendo denunciado continuamente por el Observatorio Venezolano de los Derechos de las Mujeres y otras organizaciones sociales. Por otra parte hacen falta nuevas medidas legislativas efectivas, entre las que destacan la reforma al Código Penal y la Ley de Igualdad de Oportunidades, cuyos proyectos fueron sometidos a consideración de la Asamblea Nacional y se encuentran “congelados”; así como el establecimiento de la paridad para la elección y ejercicio de cargos públicos, que a falta de una ley, las mujeres han solicitado al Consejo Nacional Electoral, se haga a través de una Resolución, petición que no ha obtenido respuesta

Pero también es fundamental que las mujeres y hombres comprometidos con la justicia inculquemos en los demás, no sólo a través de la palabra sino especialmente del ejemplo, que ningún género tiene derecho a un privilegio sobre el otro.

En efecto, el trato que  demos a   nuestros niños y niñas y  el  que   aceptemos recibir de nuestro cónyuge, compañero o novio, la forma como nos comportemos en nuestro trabajo (discriminando o no en función del sexo); y los comentarios que hagamos en tono sexista tienen un mayor impacto que cualquier ley que proclame la igualdad.

 

 

Fuente de las cifras: ONU Mujeres y Banco Mundial.

 

 

 

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